Crónica de madrugada
La panadería de la calle Senillosa y la fila de las cuatro de la mañana
Cómo se organiza un turno de madrugada en una cuadra que todavía huele a horno de barro
Publicado el 14 de marzo de 2024 · Serie: La cuadra que ya no está
A las cuatro de la mañana la cuadra está oscura salvo por una claridad que sale por la ventana alta del obrador. Adentro hay tres personas: el maestro panadero, un ayudante y la hija que lleva las cuentas. Amasan facturas, bizcochos de grasa y pan francés para dos turnos. La nota sigue el ritmo real del trabajo: la primera horneada, el momento en que se abre la persiana, los clientes fijos que ya saben qué van a pedir.
El cartel pintado a mano sigue colgado desde los años ochenta, con los precios corregidos con fibra. La letra chica, casi ilegible, todavía dice "pan caliente a toda hora". Nadie lo cambió porque nadie quiso. Es parte de la fachada, como el azulejo partido del zócalo o la campanilla que suena cuando entra el primer cliente de la mañana.
La rutina no admite improvisaciones: primero se enciende el horno de barro, después se pesa la harina, y recién cuando la masa levanta se abre la puerta. Los vecinos lo saben. A las cuatro y cuarto ya hay dos o tres esperando en la vereda, con el frío de la madrugada y el diario bajo el brazo.
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