Por qué seguimos yendo a los talleres
Chusticiero nació de una costumbre simple: golpear la puerta de un taller, sentarse en un banco de madera y quedarse hasta que el dueño termine de contar lo que empezó a contar. No buscamos grandes producciones ni historias cerradas. Buscamos el ruido de la fragua a las cinco y media, la fila de la panadería antes de que salga el sol, la letra chica de un cartel pintado a mano que ya nadie lee pero que sigue ahí.
Cada nota parte de una visita real. Grabamos la charla, la transcribimos, la editamos hasta que quede en unas ochocientas palabras y la publicamos junto con el audio original y una ficha con dirección, horarios y cómo llegar. Si el oficio se sostiene a pulso, nos interesa saber cómo lo hace: quién compra, quién enseña, qué cambió cuando llegó el aluminio o el plástico.
El archivo de fotos lo armamos con aportes de vecinos. Fotos viejas de clubes, de veredas, de comercios que ya no están. La serie "La cuadra que ya no está" salió de ahí, de cajas de zapatos y álbumes familiares que alguien quiso compartir.
Oficio vivo, no vitrina
No publicamos nostalgia. Publicamos talleres que siguen tomando encargos, ferias que abren los domingos y oficios que se transmiten entre generaciones o entre vecinos.
La voz del que trabaja
Entrevistamos a zapateros, fileteadores, feriantes y colectiveros. La charla original queda grabada y disponible para quien quiera escuchar el tono, las pausas y las correcciones.
Archivo abierto
Si tenés una foto vieja, un oficio o una historia de tu barrio, se suma al archivo. No hace falta que esté prolija: hace falta que sea tuya.